Jesús María: doma, folklore y el festival que define al interior cordobés

Jesús María está a 50 kilómetros al norte de la capital de Córdoba y su historia arranca mucho antes de que existiera como ciudad. En 1618, la Compañía de Jesús adquirió una estancia en la zona para sustentar el Colegio Máximo de Córdoba (precursor de la Universidad Nacional de Córdoba). 

Los jesuitas plantaron vides, cultivaron trigo y criaron ganado. Las cepas pasaron de 20.000 en 1618 a 48.000 en 1747. La estancia llegó a tener unas 10.400 hectáreas y su producto más famoso era el vino. En 1767, los jesuitas fueron expulsados y la propiedad cambió de manos.

Argentina tiene muchos sitios considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Si querés conocer uno de ellos, sacá tus pasajes a Jesús María y visitá la estancia. Con su bodega y su iglesia del siglo XVIII forma parte del conjunto de estancias jesuíticas de Córdoba. Se puede visitar el museo y la bodega original.

Pero si la ciudad de Jesús María es conocida en todo el país, es por su Festival Nacional de Doma y Folklore. La edición 60° se realizó del 8 al 18 de enero de 2026 en el Anfiteatro José Hernández. Es uno de los festivales más grandes de América Latina en su género.

Nació en 1966, cuando las cooperadoras de diez escuelas locales organizaron un evento para recaudar fondos. La primera edición convocó a 45.000 personas. Hoy, cada noche unas 600 personas colaboran voluntariamente para que el festival funcione. La Comisión del Festival está formada por 52 miembros entre docentes, ex estudiantes y padres. Todo lo que se recauda va a las escuelas y a garantizar la continuidad del evento.

Las noches del festival combinan jineteada (campeonato nacional e internacional, donde jinetes montan potros especialmente preparados), tropillas entabladas, destrezas gauchas, y shows de música folklore con artistas de primer nivel.

Por el Martín Fierro pasaron grandes figuras del folclore nacional como Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Horacio Guarany, Mercedes Sosa. Fuera del anfiteatro, las calles coloniales se llenan de peñas, ferias de artesanías y puestos de comida regional.

Pero Jesús María no es solo el festival. La ciudad tiene calles con trazado colonial, una identidad marcada por la tradición gauchesca y una producción agrícola y vitivinícola que no se detiene.

Además, a pocos kilómetros está Colonia Caroya, fundada por inmigrantes italianos de la región de Friuli, famosa por sus salames, las picadas y el vermut. Es la parada obligada para comer bien después de todos los recorridos por la zona.

También en los alrededores podés visitar Sinsacate y Colonia Vicente Agüero. Estos parajes completan el circuito del norte cordobés, con pueblos chicos de ritmo tranquilo, bodegas artesanales y un paisaje de sierras bajas que no compite con el de Punilla o Calamuchita, pero tiene su propio encanto.

Jesús María no necesita temporada alta para tener identidad. El festival la pone en el mapa cada enero, pero la estancia jesuítica, los salames de Caroya y el ritmo de pueblo cordobés están ahí todo el año.