Mi apasionada mirada hacia los Mundiales de Fútbol
Escribe: Enrique Jorgensen
Cada cuatro años se repite esta fiesta deportiva que mantiene en vilo a una buena parte de la humanidad. El primero que se celebró fue en Uruguay en el año 1930 y se repite cada cuatro años, con la excepción de los que debieran haberse disputado en 1942 y 1946 pero fueron abortados a causa de la segunda guerra mundial.
Hoy en día también se viven graves conflictos como el de Medio Oriente o el que tiene severamente enfrentados a Rusia con Ucrania y sus aliados. Me pregunto si no es bastante despiadado que en 2026 se juegue este ecuménico torneo mientras tambalea la paz. Lo concreto es que ya se larga, y en quienes primero pienso son en nuestras fechas patrias: 2 de abril, 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio y 17 de agosto entre las más famosas. Si tuvieran vida me las imagino fastidiosas y relegadas; los mundiales futboleros generan alegría, ilusión, banderas, gorros, bufandas, escarapelas, juntadas, celebraciones, euforia y drama, pero las fechas históricas padecen una orfandad festiva alarmante. No me animo a afirmar si es justo o no, pero creo que es una descripción bastante acertada. ¿Qué le pasa a un argentino medio durante estos 40 días?, diría que es una conducta muy curiosa y lo primero que observo es que todos (pero todos), hacen fuerza para que la selección gane, avance y que obtener el título se constituya en la gloria absoluta. En esta postura no hay distinciones, sociales, económicas o culturales, lo cual en un país tan problemático como el nuestro no está nada mal.
La tregua de la famosa grieta comienza, al igual que la tranquilidad de los tres poderes fundamentales de la democracia. El Ejecutivo se tomará un recreo, el parlamento podrá dictar o vetar leyes a voluntad y el Judicial podrá tomarse un veranito sin culpa. Ni la gente ni el periodismo inoportunará con reclamos ya que la gente tiene la cabeza en otros tiempos y en otros lugares. Por supuesto, sería mejor una superación en valores más importantes como la educación, salud, lo laboral, la seguridad, etc, etc… pero como diría un amigo: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. No es muy creativo aunque es justo reconocer que el fracaso deportivo no resolvería cuestiones más importantes. En lo inmediato, varios compatriotas creerán que un buen desempeño nos acercarán un poco más al status de “Argentina Potencia”. En el primer mundial jugaron apenas 13 países, en cambio ahora serán 48 los participantes. En mi afán de ser positivo quiero creer que los chicos y adultos en general, aprenderán un poco más de geografía y podrán ubicar a Cabo Verde o a Curazao en el globo terráqueo. A propósito, ¿Curazao no les suena como un trago tropical con lima, colores, playa y mucha joda?, en principio voy a tratar de averiguar cuál es el gentilicio de los nativos de este país porque no tengo la menor idea.
MERCHANDISING
Durante este evento los que están de parabienes son las multinacionales como Mc Donald’s, Coca Cola, Quilmes, Frávega, también las de indumentaria deportiva, los comercios gastronómicos, verdulerías, almacenes, lencerías, sex shops, los delivery, y los inefables buscavidas que nos abordarán en un semáforo o supermercado, en una fiebre fabulosa para acrecentar las alicaídas ventas lo cual es inocultable. En esta oportunidad he observado con bastante frustración que ningún negocio me ha obsequiado el programa de partidos, el famoso fixture que uno completaba con fruición. Párrafo aparte para los álbumes de figuritas de Panini. Esta actividad que comparto con mis dos nietos varones me permitió descubrir que si hay un objetivo importante en la vida que conduzca a la realización personal, es completar el álbum. Qué difícil que es todo, que difícil es conseguir comprar el álbum, que difícil es comprar figuritas, que difícil es que los pequeños no se dispersen con los estudios, que difícil es conseguir la figurita de Messi; a propósito, si saben de alguien que la tenga repetida, que me llame y negociamos. Disculpen por dispersarme, pero les cuento que tuve que recurrir al mercado negro para conseguir un par de álbumes pagando un sobreprecio que si bien no fue significativo, choca de frente con mis principios éticos y comerciales. Ya tendré tiempo para explicarle a mis dos pequeños descendientes que este tipo de prácticas están reñidas con la moral y las buenas costumbres. Recuerdo que de niños jugábamos a “la tapadita” en el escalón que separaba los patios bajo del alto. Modestia aparte, confieso haber sido un muy buen jugador en eso de arrojar las figuritas redondas contra la pared. En mis C.V. siempre consignaba esta cualidad aunque no creo que me haya brindado muchas satisfacciones laborales. Las agencias publicitarias tratarán de dar lo mejor e intentarán superarse en los temas creativos y de originalidad, prometiendo todo tipo de premios donde las posibilidades de triunfar serán directamente proporcionales al mayor consumo de los productos en cuestión.
CABALAS
Curiosa práctica que ignoro si se extiende a los futboleros de otros países. Consiste en repetir situaciones emparentadas con el triunfo o acciones ligadas a momentos exitosos. Por ejemplo, si la abuela se tropieza con una alfombra y lastima su nariz cuando golpea contra el piso e inmediatamente después, Messi logra colgar de un ángulo un remate al arco, “la nona” deberá repetir la caída cuantos partidos sean necesarios hasta poder levantar la tan anhelada Copa. Hay más cábalas pero menos excitantes, sentarse siempre en el mismo lugar con las mismas cinco personas que vieron la última victoria. No puede faltar ni agregar a nadie; esto que parece una tontería constituye el ABC del triunfo en el decálogo de cualquier hincha, se respeta y nada de objeciones. También juegan un papel importante los astrólogos, brujos, especialistas en numerología e incluso algún pulpo ha vaticinado con asombrosa exactitud diferentes resultados. Hay mucha gente que trata de recordar cábalas de otras mundiales pero diferentes y concienzudos estudios de diferentes universidades han llegado a la conclusión que no tienen mayor valor que el histórico y mueren con el nacimiento de un nuevo mundial, lo cual es razonable y la gente deberá esforzarse para encontrar nuevos caminos que conduzcan a la gloria. Es imposible no aludir a los mufas, todos sabemos quiénes son pero que es correctamente político no mencionarlos siquiera. Cualquier excusa será válida y comprensiva si se logra ahuyentarlos. Es imposible no hacer alusión a las promesas en el éxito. Algunos se afeitarán la barba y bigote que conforman su impronta, otros se teñirán el cabello o raparán, no faltarán quienes compartan la próxima peregrinación a Luján, aplausos para quienes abandonarán el tabaco o el alcohol, y también están los más osados que llegan a prometer que llevarán a la suegra de vacaciones. Debo admitir que dicha promesa excede todos los límites de la locura y que ha generado la famosa frase: “demasiado tarde para lágrimas”.
DONDE, COMO Y CON QUIEN MIRAR LOS PARTIDOS
Tema polémico si los hay, mucha gente se organiza sin ton ni son, en cualquier casa o en cualquier lugar como si todo fuera lo mismo. Lo único claro es que se organiza “morfeti y chupipanda” a rabiar, hablan todos a la vez, gritan los goles antes que Julian o Lautaro rematen, no esperan la confirmación del VAR, habrá quienes efectúen comentarios desafortunados o ajenos al partido. No faltará una mascota (perro o gato) que distraiga y reclame afecto o que se pasee delante del televisor, algún nieto hará un capricho o pedirá atención. En esta suma de desencantos es la mamá de mis hijos la que se lleva todos los laureles. Me reclama una concisa, breve y clara explicación de cuando es posición adelantada o tiro de esquina, y se suceden diálogos como el siguiente: ¿cuándo es posición adelantada? -Te lo expliqué hace cuatro años-. Pero me olvidé, ¿no lo podés repetir por segunda vez? -te lo mencioné también en el 2018, 2014, 2010… no puedo ni quiero-. ¿No vas a comer nada? -con la ansiedad que tengo no podría comer ni una aceituna-. Gracias ¡que copado!
Es en ese preciso momento que abandonamos el quincho junto a mis dos hijos varones y buscamos otro lugar de la casa donde se pueda ver el partido con cierta tranquilidad aunque el mal trago es indisimulable.
Caso curioso el de mis dos muchachos, el más joven, Ezequiel, se parece mucho a mí, futbolero enfermo, juega hasta cuatro partidos semanales pese a las quejas de su pareja, es muy buen jugador y se hace mucha mala sangre en la derrota. Lo extraño es lo de Nacho, mi primogénito, juega a la pelota pero no simpatiza con ningún equipo, ignora lo que es el fútbol profesional y recién conoció a Messi en el mundial 2010. Para ese entonces Leo ya había ganado dos balones de oro y en el partido debut frente a Nigeria, cuando transcurrían 30 minutos de juego, nos dice a Ezequiel y a mi…”juega bien el 10 de Argentina, el petisito”. No sabía quién era Messi, esta situación llevó a plantearme la necesidad de efectuarle un ADN para descartar la posibilidad de una travesura de parte de la madre. Luego consideré que era una descortesía atravesar por una situación tan incómoda. Después de todo es zurdo como yo para patear y aunque el informe fuera desafortunado no podría quererlo ni un cachito menos de lo que ya lo quiero.
Me disculpo nuevamente por apartarme del eje del cuento, es un claro caso de inmadurez que trataré de superar. Otros lugares para ver los partidos son los bares o los pubs, esta última tradición muy británica por cierto. También están las pantallas gigantes en plazas o casas de artículos para el hogar dónde se recrea el clima de cancha. Ninguna de estas últimas opciones me resultan cautivantes. Otro tema que suele ser muy desagradable suele ser el del dilate. Los últimos en recibir imágenes y audios son los que los miramos por HD, señal que llega entre uno y dos segundos después que la señal común, lo cual le quita sorpresa a los acontecimientos.
Si un delantero argentino enfrenta al arquero rival en un mano a mano pero no escuchamos el festejo de nuestros vecinos, ya podemos adivinar que no fue gol. No faltará quien diga que son apenas dos segundos pero yo voy a seguir sosteniendo que es muy desagradable como lo es el VAR, aunque esto es harina de otro costal. El que es un suertudo es mi amigo Lucio que vive en el campo y sin un puto vecino cerca que le hinche las pelotas. Para mí, la mejor manera de ver un partido del mundial es sólo, como loco malo, encerrado en una habitación con auriculares y sin mascotas. Siento ser tan poco sociable pero prefiero ser sincero y compartir mi particular preferencia. Se los cuento por si alguien tuviera la amabilidad de querer que veamos un partido juntos.
FULBO, FULBO Y MÁS FULBO
En Argentina se da la particularidad de tener casi tantos entrenadores diplomados como habitantes. Todos tienen “la precisa” en cuanto a quien tiene que jugar, quien debe salir, si hay que aguantar o atacar o sentenciar lo claro que es hacer lo correcto. Incluso mi tía Carmen, la pobre está postrada y a punto de cumplir sus primeros cien años, pero no tendría reparos en opinar con vehemencia ante el mínimo tropiezo de Scaloni. Los más desagradables son los que empiezan las frases futboleras con los inefables…”yo te dije”, o “yo sabía que esto iba a pasar”, que en definitiva terminan siendo puras fantasías sin sustento alguno. Para ganar un mundial es necesario tener buenos jugadores, un buen DT, una preparación física impecable y por sobre todo una cuota superlativa de buena suerte. Desde 16 avos de final hasta la coronación son cinco partidos de eliminación directa y un mal día lo puede tener cualquiera, y entonces, podés quedar afuera sepultando todos los méritos anteriores. Por supuesto que hay países que puedan llegar a disponer de toneladas de buena suerte como Congo, Nueva Zelanda, Canadá o Irak que de ninguna manera podrán soñar con grandes logros. En mi humilde perspectiva considero que hay al menos diez países con mayores chances de ganar el trofeo: Francia, Argentina, España, Alemania, Brasil, Portugal, Inglaterra, Países Bajos y como sorpresas, Noruega y Colombia. No parece muy osado de mi parte nombrar diez países si me piden un pronóstico, pero es tan frágil la posibilidad de no quedar eliminado en cualquier momento que no puedo tener respuestas más certeras. Respecto a la fortuna, basta recordar el Mundial ‘78 cuando el holandés Rensenbrik estrelló su remate en el poste de Fillol cuando se jugaba el descuento, o mucho más cerca en el tiempo la fantástica tapada del Dibu Martínez en el minuto 121 de la final con Francia en Qatar. Menos mal que la moneda cayó de nuestro lado.
¿Hubieran sido tan héroes Kempes, Pasarella, Luque, Fillol, el Dibu, Romero y Julián entre otros?, ¿habría pasado Messi a la gloria eterna o se lo hubiera recordado por perder la pelota que desencadenó en el segundo gol francés y seguir siendo juzgado por su frialdad espiritual en compromisos importantes? La diferencia de opiniones terminó siendo definida por una atajada increíble y nadie hubiera recordado el fabuloso mundial que lo tuvo a Leo como protagonista excluyente.
Por eso en la lista de prioridades la suerte está arriba de todo, y los demás elementos, acompañan. Para este mundial espero tres cosas respecto a nuestros jugadores. La primera es que lleguen en buena forma física pero hay varios averiados, y lo que es más preocupante aún es la falta de ritmo futbolístico. Espero que no ocurra una relajación inconsciente, lo cual sería muy común en los jugadores que vienen disfrutando por cuatro años la condición de campeones del mundo. Y por último, la ausencia de di María me llena de interrogantes.
CURIOSIDADES
Durante estos 40 días luego de cada triunfo se juntará gente en las calles y plazas, que vociferaŕan a voz en cuello el siguiente cantito: “Y YA LO VE… Y YA LO VE… EL QUE NO SALTA ES UN INGLÉS”.
Lamento informarles a nuestros intérpretes que a la gran mayoría del pueblo británico el tema de las islas le chupa dos huevos. No tienen la menor idea de dónde están ubicadas, qué fue lo que pasó ni se sienten agraviados por los cánticos. El interés inglés por este tema es inversamente proporcional al nuestro. Para nosotros sigue siendo una herida que no va a cicatrizar nunca y ganarles por goleada en un hipotético partido no resolverá el tema de la soberanía. Siento que mi comentario puede sonar antipático pero creo describir la realidad correctamente. El espíritu de Diego Armando Maradona estará merodeando constantemente. Su impronta como el gran símbolo del jugador argentino es tan grande como inolvidable. Particularmente pienso que es el único caso en la historia que lo individual fue más importante que lo colectivo.
Los dos Lionel que se los apoda Leo como los casos de Scaloni y Messi suele generar confusiones, más aún teniendo en cuenta que el nombre Lionel no es de los más corrientes.
El tema laboral y el de la educación son curiosos ya que ningún empleador ni establecimiento educacional considera lógico que los trabajadores y estudiantes presten atención ante el deber cívico que significa acompañar a la selección. A tal efecto se procurarán televisores, pantallas gigantes o computadoras que ayuden a sobrellevar la ansiedad del partido. En hospitales, estaciones de servicio o comercios habrán guardias pero no se espera que nadie quiera cargar combustible, parir, infartarse, rendir exámenes o pasear con el carrito por el supermercado si se tienen dos dedos de frente. Por supuesto que hay excepciones, prueba de ello mis finados tíos Zelmira y Teodoro (bonitos nombres), que aprovechando el evento deportivo disfrutaban del hipermercado para ellos solos. Luego no podían explicarse el apuro y mal trato de los empleados a la hora de pasar por la caja. Estamos hablando de un claro caso de falta de sentido común.
En los últimos mundiales los cuatro semifinalistas jugaban siete partidos. A partir de este mundial y a raíz de ser 48 países participantes, los mejores deberán jugar ocho encuentros. No creo que exista un país más creativo para los cantitos futboleros que el nuestro. Los demás suelen repetir el nombre del club o país de manera monótona y aburrida. En Argentina suelen ser largos, con introducción, desarrollo y final que suele sorprender a los futboleros de otras latitudes. Me anticipo a adelantarles lo que escucharemos repetidamente en la TV, radios y en la calle en general hasta el hartazgo en los próximos días.
“Soy hincha de la selección. La aliento con el corazón. Ganamos la tercera con Lionel queremos ser campeones otra vez y 32 años después la Scaloneta va a vengar la copa que le robaron al diez la que no nos dejaron levantar quiero ver la cuarta estrella brillar en la camiseta soy argento desde la cuna hasta el cajón por Malvinas, por el Diego por la última de Leo Argentina quiero verte bicampeón…”.
La canción tiene todo: pasión, homenaje, gloria, soberanía, venganza, justicia, tragedia, festejo, despedida y orgullo. Hay que admitir que el ingenio futbolero argentino es notable.
Generalmente todos tenemos un segundo favorito para cuando Argentina se caiga, pero en este caso los míos, Dinamarca e Italia, me han dejado huérfano de segunda alternativa al no haber clasificado. Tema complejo el de mis nietos varones. Lo tienen tan endiosado a Messi que en la previa a los partidos discuten si Lionel hará dos o tres goles. Recurren a mí para aclarar el tema y yo intento explicarles que si convierte aunque sea uno, no estaría nada mal. Me parece escuchar como réplica algo parecido a “cagón” pero prefiero hacerme el desentendido. La culpa es mía que cuando juego con ellos acostumbro a utilizar este término gramatical que alude a la falta de coraje.
En nuestras selecciones no hay jugadores de raza negra. No digo que sea bueno o malo, es una simple descripción. En todas las selecciones de América, Europa, Oceanía y Africa son mayoría pero sería buena idea recurrir a un Felipe Pigna para que pueda explicar este tipo de ausencias. El desconocimiento de nuestra historia me lleva a formularme esta pregunta cada cuatro años; en las calles las únicas personas de esta raza son vendedores ambulantes, que además de ser pocos no se integran socialmente.
Los himnos también suelen llamar la atención, la gente juzgará cuales son los más lindos, que jugadores le ponen más ganas o desinterés, quienes se emocionan hasta quebrarse o aquellos que mascan un chicle. Generalmente llegamos a la conclusión que La Marsellesa y nuestro himno son los más destacados. Para entonar el himno argentino nada mejor que Los Pumas, esas bestias musculosas que tiemblan con la sensibilidad a flor de piel dispuestos a dar todo.
También se comentará cuáles son los jugadores más lindos, buenos mozos o viriles. Esta última práctica será llevada a cabo por la gente sin distinción de género alguna.
Durante los mundiales afloran los recuerdos, y cada uno comentará donde vio la final con Francia en el 2022, como lo vivió y festejó atesorando esos momentos únicos. También habrá quien añore la época en que los hinchas de diferentes clubes argentinos se sentían orgullosos por el aporte de sus jugadores a la selección. Hoy, tan sólo Paredes y Montiel juegan en el fútbol local, los demás lo hacen en Europa a excepción de Messi y de Paul en USA y el delantero López en el Palmeiras de Brasil.
Tampoco faltarán quienes sostengan que la FIFA quiera digitar el curso del torneo guiando a determinado país a la coronación. Tal vez peque de ingenuo pero no creo que esto ocurra ni que sea fácil. El exitismo invita a que los espectadores tengan diferentes percepciones ante un mismo hecho. Siempre fue así…
MI CONCLUSION
Obviamente espero que Argentina realice el mejor mundial, pero conociendo el ADN criollo no tengo dudas que cualquier otro resultado que no sea campeonar se emparentará con el fracaso. De la gloria a la frustración el paso es muy cortito lo cual nos define como sociedad. Pienso que sería bueno que tanta unión, patriotismo y compromiso fuera algo diario y natural y que nada tuviera que ver con un mundial de fútbol: ¡AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, SALUD!
(*) En la foto de abajo, el autor de esta nota:

