Francisco a un año. El Papa digital
Escribe: Marcelo Cabeza (*)
Si no fuera porque algún ángel mandó a Guilherme, el portugués, “el cura DJ”, ¿habría habido tanto Francisco en Buenos Aires, al cumplirse el año de su partida? Lo cierto es que con la ayuda tecnológica el hecho cultural, social, político y religioso se expandió por la nube digital a toda la Argentina y al mundo. Fiel a mi borde de incrédula fe o espiritualidad floja, aporto herejía: Francisco fue el primer Papa digital. No dejó ninguna red de lado. Dio reportajes, grabó mensajes puntuales a grupos o a quien quiera oír: cristianos, ateos, agnósticos, de otras religiones o de ninguna, poniendo en acto su consigna de incluir a “todos, todos, todos”. Toda herramienta fue puesta al servicio de la evangelización universal –eso quiere decir católico- viajes, escritos, encíclicas, cartas, libros para que llegara, bien lejos a las Periferias existenciales la Esperanza, esa que –lo dijo siempre- “no defrauda”. Para que llegue y humanice a un Todos, lo más amplio posible. Y ya había un santo de las redes, del nuevo mundo digital, el joven Carlo Acutis. Vale la pena acercarse a su historia en sus palabras grabadas y en las charlas de su madre que hizo causa ¿pastoral se puede decir?, no solo de su beatificación sino de la comunicación del mensaje de Jesús que fue la misión que su hijo se impusiera desde niño.
En el nuevo mundo, hay –debe haberlas- nuevas respuestas.
Y eso trajo a los malos aires actuales de Buenos Aires para decir y gritar fuerte que los argentinos estamos por la paz y no por la guerra, por el diálogo y el encuentro y no queremos la difamación, el insulto y la animalización de las costumbres -con perdón de nuestros hermanos que decimos no humanos. Incluso los vegetales tienen más belleza, paz y amor para dar que algunos especímenes que dan vergüenza. Que no respetan la vida ni promueven el amor como medio de realizar una verdadera humanidad. (Salud, Francisco de Asís): es cierto, la Luna, el Sol, los animales y las plantas son nuestros hermanos tan imprescindibles como el agua, la tierra, el aire. ¡Alabado seas! Laudato si: nuestra hermana madre tierra clama hoy por un desarrollo integral sostenido.
Pero por fortuna, Dios y arzobispo mediante, Francisco volvió a su Buenos Aires querida. No solo fue homenajeado como lo merecía. Se hizo carne y se hizo piel, esa palabra que acompañando de un gesto de roce y caricia, pronuncia con musicalidad lusitana el padre Peixoto. Ese órgano corporal que Guilherme actualiza catequísticamente, reinsertando, religando, esa dimensión reconciliada –¡somos también cuerpo!- con el disfrute del baile, convirtiendo a la fiesta popular en una masiva promoción activa de la salud mental, que es también espiritual y sobre todo colectiva. Francisco vuelve y sigue sembrando. Su voz sigue resonando en los corazones, puebla el discurso, aclara las mentes, purifica el ambiente. Cuida más que nunca La Casa de Todos.
(*) Licenciado en psicología, psicoanalista.
