Orgasmo Femenino: lo que la medicina tardó siglos en tomarse en serio
Por la Dra. Viviana Jaitt (MN 151766), Médica tocoginecóloga y Sexóloga clínica.
En 2006, un concejal de un pueblo brasileño de menos de 40 mil habitantes leyó un estudio universitario que aseguraba que casi tres de cada diez mujeres de su ciudad nunca habían llegado al orgasmo. Decidió declararlo un problema de salud pública y promovió una ordenanza para visibilizarlo. Así nació, en Esperantina, la fecha que hoy se celebra en buena parte del mundo cada 8 de agosto, el Día Internacional del Orgasmo Femenino. Casi veinte años después, seguimos necesitando un día marcado en el calendario para decir en voz alta algo que en cualquier consultorio debería ser obvio. El placer femenino es salud y todavía nos cuesta hablar de eso sin vergüenza.
Empecemos por lo que menos se explica y más se subestima. El orgasmo es un evento fisiológico concreto, con pasos que se pueden describir uno por uno. Primero, el suelo pélvico (el grupo de músculos que sostiene la vejiga, el útero y el recto, el mismo que se entrena con los ejercicios de Kegel) se contrae de forma rítmica, en oleadas cortas y seguidas. Al mismo tiempo, el cerebro libera oxitocina, la hormona asociada al vínculo y la calma, y endorfinas, que funcionan como analgésicos naturales del propio cuerpo. Estas dos liberaciones producen dos efectos que se pueden medir. El cortisol, la hormona asociada al estrés, baja. Y el umbral al dolor sube, lo que en la práctica significa que el cuerpo tolera mejor las molestias físicas durante un rato. Todo esto es neuroquímica que se estudia en investigación de medicina sexual.
Lo segundo que se suele subestimar es la dimensión emocional. El clítoris es protagonista, pero el verdadero centro de mando está en el cerebro, donde se procesan la seguridad, la confianza, la vergüenza heredada y el sistema de creencias limitantes. Por eso una mujer puede tener la anatomía perfectamente intacta y aun así no llegar nunca. El freno casi nunca está en el cuerpo, está en la cabeza, y ahí es donde aparece una consecuencia clínica muy concreta. Cuando la dificultad para el orgasmo no cede con el tiempo, el camino no pasa solo por la anatomía, pasa por el autoconocimiento.
Hay todavía una tercera capa que en el consultorio casi nunca nombramos, aunque las pacientes la viven todo el tiempo. Podríamos llamarla esfera espiritual. Acá hablamos de la experiencia concreta de habitar el propio cuerpo sin pedir permiso. Reconocerse capaz de sentir placer, y sostenerlo sin culpa, cambia la manera en que una mujer se para frente al mundo. La autoestima y la satisfacción sexual caminan tan cerca en la evidencia científica que, cuando una mujer conoce su propio placer, deja de necesitar que alguien más se lo confirme.
Todo esto tiene un nombre clínico: se llama calidad de vida. Las mujeres que pueden nombrar lo que les gusta duermen mejor, discuten menos por lo que nunca se animaron a pedir y llegan al consultorio ginecológico con menos vergüenza y más preguntas. Reconocer el propio placer corporal es un indicador de salud integral, tan real como la presión arterial o la calidad del sueño.
Y acá aparece lo que menos se dice en voz alta. La dificultad para llegar al orgasmo tiene abordaje, y no hace falta resignarse a pensar que una es así. La consulta con un sexólogo o una sexóloga clínica trabaja con herramientas concretas, como la educación sexual específica, las técnicas de desensibilización, el trabajo corporal guiado y la regulación emocional, que ayudan a identificar, en cada caso particular, qué es lo que efectivamente está frenando el disfrute. Nada de magia, nada de promesas de resultado. Es un proceso breve, práctico y pedagógico que empieza escuchando y termina devolviendo un mapa más claro del propio cuerpo.
El 8 de agosto no es una fecha para celebrar el orgasmo como una hazaña, ni para incomodarnos en la mesa familiar. Es una fecha para sacarlo del rincón donde todavía lo guardamos, entre el tabú y el chiste fácil, y ponerlo donde siempre debió estar, en la conversación sobre salud. Pero si hoy es un buen día para hacerse una sola pregunta, que sea la siguiente: ¿Hace cuánto que no te preguntás, en serio, qué es lo que a vos te da placer?
(*) La doctora pertenece al equipo de Halitus
(*) Imagen: Magnific.com
