Honrosa coincidencia
Escribe: Hernán Rapela (periodista)
“Observo que el día amanece embanderado, exultante, por la significancia que el estandarte tiene para los argentinos…”.
Podría esto leerse como la impresión de un extranjero al observar cómo se ven engalanados los paseos, autos, algunas ventanas y pocos balcones, teniendo en cuenta “El Dia” que es y, desde luego, omitiendo la incidencia del Mundial de Futbol y el espíritu triunfalista que nos convoca cada vez que la pelota ingresa a los arcos adversarios”.
Pensar que Don Manuel Belgrano, después de sus gestas, promoción de ideas, impulsos institucionales, batallas y ofrendas a la Nación, murió pobre de toda pobreza, en soledad y sin consideración alguna, al punto que su hermano Domingo aportó el mármol de una cómoda para esculpir una lápida y que con sus ahorros costeó la inscripción: “Aquí yace el General Belgrano”, simplemente.
El sacerdote Fray Francisco María Castañeda denunció la situación de abandono, registrando una de las pocas protestas públicas ante la ingratitud de las autoridades de Buenos Aires. La prensa y el gobierno ignoraron la noticia de su muerte. Ningún diario importante de la época publicó obituarios ni realizó homenajes oficiales en el momento. Su funeral contó únicamente con un puñado de familiares y amigos cercanos. Fue sepultado en el atrio del Convento de Santo Domingo (la foto de abajo ilustra el lugar donde estuvo).
Menos mal que a 206 años de su muerte Scaloni, Messi y la muchachada, sin proponérselo, desde luego, han promovido “el rescate” y las honras merecidas al prócer de la nacionalidad y creador de nuestra insignia, asunto que el visitante mencionado al comienzo (imaginariamente) ignora.
“Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”, dijo; y con el último aliento la tan explicita y dolida… “¡Ay Patria mía!”

