José C. Paz pide emergencia alimentaria mientras la pobreza infantil toca máximos desde 2010

Por: Dr. Prof. Carlos Víctor Zalazar

José C. Paz, ciudad de trabajadores, inmigrantes y migrantes, atraviesa una urgencia concreta: 54.000 familias requieren asistencia alimentaria para llegar a fin de mes. Detrás de la cifra están madres, padres, abuelos y chicos que cada día hacen lo imposible por poner un plato en la mesa.

El intendente en uso de licencia y senador Mario Alberto Ishii, también vicepresidente primero de la Cámara de Senadores y de la Red de Ciudades del Aprendizaje UNESCO, solicitó al gobernador Axel Kicillof la declaración de Emergencia Alimentaria provincial.

El reclamo es directo: que ninguna familia pase hambre y que la ayuda llegue rápido a quienes más la necesitan.

La situación local se inserta en un contexto nacional marcado por contrastes. La inflación se desaceleró en 2026 y el Estado mantiene superávit fiscal, pero la pobreza sigue siendo la herida abierta del país.

La brecha entre los datos del INDEC y los del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, por diferencias metodológicas, muestra cuánto se discute el diagnóstico.

El dato más duro lo aporta la UCA: 62,9% de niños, niñas y adolescentes son pobres y 16,2% son indigentes, el nivel más alto desde 2010. Son 7,68 millones de menores de 0 a 17 años. Para 2025 hubo un alivio leve: la pobreza bajó a 53,6% y la indigencia a 10,7%. Aun así, ambos indicadores siguen muy por encima de los de hace 15 años.

La crisis se refleja en la mesa. 32,2% de los menores sufre inseguridad alimentaria y 13,9% la padece en forma severa. A esto se suma una recomposición desigual de ingresos, el avance de la informalidad y un 30% de la población en vulnerabilidad crónica.

Tener trabajo ya no alcanza para escapar de la pobreza. 32,5% de los ocupados vive en hogares pobres y 26,5% tiene empleo precario, sin acceso pleno a derechos laborales.

Los números de febrero 2026 grafican el desfasaje. Una familia tipo de cuatro integrantes necesita $1.397.672 mensuales para no ser pobre y $644.088 para no caer en indigencia. Una persona sola requiere $452.321 para cubrir la canasta básica total y $208.443 para la canasta alimentaria. En paralelo, el Salario Mínimo Vital y Móvil quedó en $346.800, muy por debajo el umbral de pobreza familiar.

José C. Paz se presenta como ciudad de trabajo y estudio, pero la realidad social presiona. La estabilización macroeconómica no se traduce aún en mejoras tangibles para los hogares más vulnerables, y ese es el principal desafío que enfrenta la provincia este año.