LA PELUSA en el DURAZNO (Parte II)

Escribe: Dr. Prof. Carlos Víctor Zalazar 

El rol de la supervisión en educación: entre el acompañamiento, la burocracia y la falta de entendimiento

 

¿Cuál debería ser el rol del inspector de Educación?

La supervisión educativa no es para “controlar y castigar”. En la ley y en la práctica ideal, tiene tres funciones clave:

– Acompañamiento pedagógico: Estar cerca de directivos y docentes para pensar juntos cómo mejorar la enseñanza. Es mirar datos, aulas, proyectos y dar devoluciones que sumen.

– Garantizar el derecho a educar: Velar porque se cumplan normativas, calendarios, trayectorias de alumnos, inclusión, etc. Es el nexo entre DGCyE y escuela.

– Gestión institucional: Resolver problemas que la escuela sola no puede: recursos, conflictos complejos, articulación con otras instituciones.

 

“supervisión como apoyo”. La idea: ser un par crítico, no un auditor.

¿Por qué aparece la “falta de entendimiento”?

Ahí es donde se traba.

Los motivos más comunes:

– Rol confundido: Muchos equipos directivos todavía viven la supervisión como inspección. Entonces esconden problemas en vez de pedir ayuda. Del otro lado, algunos supervisores caen en lo administrativo y dejan lo pedagógico de lado.

– Distancia de lo real:

El supervisor ve 15-20 escuelas. Es difícil que entienda el contexto puntual de cada una: la matrícula, la comunidad, la falta de cargos en Villa María, etc. Y la escuela siente que “desde arriba no entienden”.

– Sobrecarga de ambos lados: Supervisores con muchísimas escuelas a cargo + directivos tapados de papeles. Con poco tiempo, no hay diálogo real, solo notas y circulares.

– Diferentes lógicas: La supervisión trabaja con normativa y plazos. La escuela trabaja con lo urgente: un alumno en crisis, un docente con licencia, una familia. Si no hay traducción entre esos tiempos, hay ruido.

 

Burocracia extrema: cuando el papel tapa a la escuela

 

Es el gran desgaste actual.

– Sobrecarga administrativa: Actas, relevamientos, declaraciones juradas, planillas de todo tipo. El supervisor termina siendo “gestor de papeles” y no “acompañante pedagógico”.

– Urgencias que no son urgentes: Llegan circulares con plazos de 48hs para datos que ya se pidieron. La escuela siente que trabaja para la oficina, no para el aula.

– Efecto en el vínculo: Cuando el 80% de la visita del supervisor es pedir papeles que faltan, el directivo ya lo espera con tensión. Se pierde el espacio para hablar de enseñanza.

 

Resultado: Ambos roles se burocratizan. El supervisor no tiene tiempo de entrar a un aula. El directivo no tiene tiempo de pensar escuela.

Falta de experiencia de los inspectores nuevos

Con los concursos de los últimos años entraron muchos supervisores nuevos o con poca gestión escolar.

– Desconocimiento del territorio: Saber la normativa no es lo mismo que haber sostenido una escuela con grados combinados, falta de auxiliares, o crisis comunitarias. Villa María tiene realidades muy distintas entre zona céntrica y periferia.

– Inseguridad en el rol: Sin experiencia de conducción, cuesta sostener una devolución difícil. Algunos se refugian aún más en lo administrativo “porque es lo que está escrito”.

– Brecha generacional con directivos: Un director con 25 años de escuela frente a un inspector que recién asume. Si no hay humildad de los dos lados, hay choque: “vos no sabés lo que es estar acá” vs “vos no cumplís la norma”.

 

¿Qué pasa cuando se juntan todos los factores?:

Burocracia + inexperiencia + falta de entendimiento = Supervisión “por el manual”.

Se aplica la norma literal, sin criterio ni contexto.

 

  1. Desburocratizar lo que se pueda. No todo puede ser “urgente”.
  1. Formación en territorio para supervisores nuevos: Que los primeros seis meses sean con un supervisor tutor, recorriendo escuelas con alguien con experiencia.
  1. Separar roles en la visita: 1 día para lo administrativo, 1 día para lo pedagógico. Si todo se mezcla, todo se pierde.
  1. Pasar de “supervisar” a “co-supervisar”: Mesas de trabajo, visitas con propósito pedagógico acordado, y que el inspector conozca la escuela antes de pedir cambios.

 

En el fondo es lo mismo: la escuela necesita que la entiendan antes de exigirle. Y el inspector nuevo necesita que la escuela le enseñe el contexto antes de juzgarla.