¿La más linda del mundo?
Escribe: Hernán Rapela (periodista).
Creo que es indisimulable mi vocación por detallar algunos perfiles arquitectónicos de la ciudad de Buenos Aires ante el arrasador estilo de construcción moderno, tan despojado como vidriado y adusto, que se multiplica por todas partes. Me permito señalar preciosas ciudades de las provincias, también, como oferentes de los mismos rasgos.
Tras la famosa Batalla de Caseros (1852) una oleada “italianizante”, con el posterior “neoclásico porteño” y un arsenal de ornamentaciones que sobre los años 80 se manifestó con pilastras, cornisas, molduras, frisos y medallones, adornaron visiblemente las construcciones. Entre las características de esa época las rejas, los portones, las “puertas cancel” y muchas casas de una planta coronando las azoteas con balaustres y la incorporación del mármol en umbrales y pisos de diseño, son parte de las notas que antes de terminado el siglo fueron moda. Un dato: en 1858 se importaron sólo de Génova unas 2.000 cajas con diferentes tipos de mármoles.
Un detalle visible en algunas casas todavía, en particular Avenida Callao y Sarmiento (ex Bazar Dos Mundos) los cerramientos vidriados curvos en las ochavas y, en la plazas y paseos, la profusión de estatuas, fuentes, maceteros, piñas de cemento, bebederos y una serie de detalles tan distintivos como irreemplazables.
“Lina Beck Bernard”, viajera francesa, en 1857, escribió: “Los vestíbulos abiertos con galerías y columnas ostentan escaleras de mármol con pasamanos dorados y adornos de cristales, artesonados de estuco, frescos en las paredes, solados de mosaicos y el patio interior embaldosado con mármol de colores. En algunos casos por la noche esos pequeños palacios recuerdan cuentos orientales…”.

