Números que no siempre reflejan la verdad
Escribe: Claudio Omar Antunovich
Según los últimos informes de consultoras especializadas y analistas económicos publicados en septiembre de 2026, la nueva pirámide social de la Argentina refleja que el 52% de los hogares del país pertenece a la clase baja, consolidando una estructura donde la mayoría de la población se encuentra en los estratos de menores ingresos. Y el 78% de las familias argentinas percibe ingresos por debajo del promedio nacional neto (estimado en $ 2.800.000 por hogar de 4 integrantes).
La pirámide quedó establecida así: Nivel Socioeconómico, % de Hogares Ingreso Mensual Requerido, 1) Clase Alta 5% – 6%, ganancias de $7.500.000 a $9.000.000. 2) Clase Media Alta 17%, entre $4.000.000 y $4.500.000. 3) Clase Media Baja 26%, desde $2.200.000 a $2.500.000. Clase Baja No Pobre 31%, entre $1.400.000 y $1.500.000. Clase Baja en Pobreza 21%, por debajo de $1.500.000 (promedio de $1.000.000).
Más allá de que quien escribe este artículo no es experto en estos temas, el sentido común indica que la clave no está en el ingreso sino en el gasto.
Los números de la consultora pueden reflejar una porción del panorama social, pero no es afín a la mayoría de los casos.
Cada familia es un mundo y en él hay múltiples realidades. No es lo mismo un ingreso de $ 2.000.000 en un grupo familiar que alquila una vivienda o si se es propietario. El volumen de lo que se percibe no rinde de igual modo si la familia vive en una casa o un departamento, en un barrio residencial en uno humilde o en uno popular.
Hay familias de altos ingresos que desembolsan todos sus recursos en vivir: alquilan una vivienda en caros barrios cerrados con alto porcentaje de expensas, sus hijos estudian en colegios privados, abonan una prepaga cara, vacacionan en destinos fastuosos… Y nada queda en sus bolsillos en concepto de ahorro. ¿Qué hay de aquello llamado futuro?…
Otros ganan menos y no viven al día. Son propietarios (tal vez por heredar una vivienda), sus hijos estudian en establecimientos estatales, el nivel de consumo es menor, pero priorizan el ahorro por sobre el gasto que demanda la calidad de vida.
No es igual un jubilado que vive de su haber de retiro, que aquel que tiene uno o más hijos que puedan ayudarlo.
La balanza no da el mismo peso en todos los casos, no se puede generalizar. Los números fríos no indican lo que se intenta demostrar en esas estadísticas.
