La derecha y la izquierda deben convivir
Escribe: Claudio Omar Antunovich
Una siempre está presente en temas inherentes a la seguridad pública y la lucha por una economía sana y sin inflación. Defienden la propiedad privada, la autoridad, el orden y la libertad. Prefieren un gobierno más pequeño y con menor intervención en la economía.
La otra dice presente en la búsqueda de un trabajo digno, en la preservación del mismo, las mejoras salariales y la continuidad de derechos adquiridos. Priorizan la igualdad social, el colectivismo y la intervención estatal. Suelen defender un Estado laico y cambios sociales.
Con reclamos vía marchas, debates radiales, televisivos y en todos los foros mediáticos, cada integrante de estos conceptos políticos suelen defender acaloradamente sus posturas en pos de un presente y un futuro mejor para la ciudadanía.
Ambas son importantes y representan un ideario social bien definido. Cada una desempeña su rol. La convivencia de ambas en un Estado democrático es sana para la sociedad y su equilibrio.
Los términos (derecha e izquierda) surgieron en la Revolución Francesa de 1789, donde los revolucionarios se sentaban a la izquierda del rey y los conservadores a la derecha.
No es nada feliz el ataque constante del presidente Javier Milei a los sectores que no piensan como él. No está bien que no acepte críticas sobre cómo está conduciendo ‘el barco’.
A menudo dispara duros epítetos. Considera que la izquierda infesta la educación y cultura con ideas que engañan a la gente y destruyen la libertad. Sostiene que ellos usan el Estado para limitar la libertad individual. Define la justicia social como una “aberración e injusta, ya que implica el robo de impuestos para financiar sus políticas”.
IMPORTANTE
El presidente debe entender que hoy por hoy, merced a la existencia y acción de sectores no afines, puede avizorar sus errores y enmendarlos, si es que tiene voluntad y espíritu crítico para hacerlo.
Como dice el título de esta nota editorial: “La derecha e izquierda deben convivir”. No está bueno el pensamiento unívoco, ni rodearse de obsecuentes seriales, porque más tarde o más temprano el sistema se degenera y termina en demagogia. ¡Y tras cartón viene el caos!

