Más allá de la dieta: el valor del acompañamiento nutricional

Por la Dra. Virginia Busnelli (MN 110351), médica especialista en nutrición y experta en obesidad. 

Cada 11 de agosto celebramos el Día del Nutricionista, una fecha que invita a visibilizar y reflexionar sobre el rol de quienes nos dedicamos a la nutrición en el cuidado integral de la salud.

Alimentarnos no es solo una necesidad biológica, es parte de nuestra cultura, de nuestra identidad y de nuestra vida cotidiana. Comer es un acto profundamente humano, atravesado por nuestra historia, nuestras emociones, nuestros vínculos y, sobre todo, por el contexto en el que vivimos. Sin embargo, durante mucho tiempo se redujo el trabajo del nutricionista a la entrega de una “dieta”: una hoja con alimentos medidos, horarios, cantidades y restricciones.

Afortunadamente, la ciencia evoluciona y hoy sabemos que eso no alcanza. También sabemos que las dietas no fracasan porque las personas no tengan la voluntad de sostenerlas, sino porque fueron pensadas como una solución simple para algo mucho más complejo. Muchas veces promueven una pérdida de peso rápida, difícil de sostener en el tiempo, que además puede acompañarse de pérdida de masa muscular, reganancia de peso y, sobre todo, de frustración, culpa y sensación de fracaso.

Por eso, hoy los espacios nutricionales van mucho más allá. No se trata solamente de modificar lo que comemos, sino de acompañar procesos de cambio reales y sostenibles. Cambiar hábitos es, en realidad, cambiar la forma en que vivimos. Pero incluso esta idea merece una aclaración, construir hábitos nuevos implica necesariamente deconstruir otros que llevamos años, o incluso toda la vida, practicando, muchas veces sin siquiera cuestionarlos. Por eso, el proceso no suele ser rápido ni lineal. Es profundo, desafiante y completamente diferente para cada persona.

Por supuesto que conocer sobre alimentos es importante. Cuestionarnos qué sabemos, qué aprendimos y qué repetimos sin pensar también forma parte del proceso. Pero con saber no alcanza. La mayoría de las personas conoce, o puede acceder fácilmente a información sobre lo que implica una alimentación saludable. Pero el verdadero desafío aparece cuando intentamos adaptar eso a nuestra vida y sostener esas decisiones en la cotidianeidad. La información, por sí sola, no genera cambios duraderos si no va acompañada de herramientas que permitan transformarla en acciones posibles.

Necesitamos aprender a reconocer nuestro cuerpo y a reconectar con él. Comprender nuestras verdaderas señales de hambre y saciedad. Entender que no siempre comemos por hambre física, que muchas veces las emociones condicionan nuestras decisiones, que el entorno influye más de lo que imaginamos y que existen automatismos que aparecen incluso cuando no los registramos. Todo eso también forma parte del trabajo nutricional.

Aprender a alimentarnos de manera saludable implica tomar decisiones posibles en un entorno que muchas veces promueve exactamente lo contrario: la inmediatez, el exceso, la culpa y la exigencia. También implica desarrollar habilidades que muchas veces nadie nos enseñó: planificar, organizar las compras, construir un ambiente que facilite mejores decisiones, adaptarnos a distintos contextos y encontrar estrategias que realmente podamos sostener en el tiempo. Y, al mismo tiempo, crear espacios seguros donde podamos hablar de alimentación sin miedo ni juicio, trabajando nuestras elecciones con respeto y paciencia.

En todo ese camino, el rol del nutricionista es acompañar. No para decirte qué tenés que comer y a qué hora, sino para ayudarte a descubrir qué necesitás vos, en tu realidad, con tu historia, tus desafíos y tus fortalezas, y construir juntos las herramientas que te permitan cambiar tu vida de una manera posible y sostenible.

Porque cambiar hábitos también significa transformar el vínculo que tenemos con la alimentación, con nuestro cuerpo y con nosotros mismos. Y para eso, el acompañamiento profesional hace una diferencia enorme.

En el Día del Nutricionista, celebro el trabajo de tantos colegas que, con compromiso, evidencia científica y una mirada profundamente humana, sostienen espacios de cuidado, escucha y transformación. Espacios donde no se reparten dietas, sino que se construyen caminos.

 

(*)  Imagen: Magnific.com