“No voy al trabajo, voy a hacer lo que me gusta”
El Suboficial Principal de Infantería de Marina Esteban Nereo Moreno encontró un propósito de vida en la zona naval de Puerto Belgrano. Con 33 años de servicio y una trayectoria marcada por la exigencia de las Fuerzas Especiales, repasa su carrera con la humildad de quien hizo de la excepción su rutina diaria.
Esteban Nereo Moreno, comenzó trabajando en el oficio manual de coser balones, sin imaginar que su destino estaría ligado al rugido del mar y al silencio estratégico de los Comandos Anfibios.
“Soy el único en mi familia que eligió este camino”, comenta el hoy Suboficial Principal Moreno que ingresó a la Armada Argentina a los 21 años. Edad en la que se consideraba “grande” en comparación con otros Aspirantes, pero que le dio la madurez necesaria para afrontar los desafíos que vendrían. Lo que comenzó como una búsqueda de oportunidades junto a un compañero de juventud, terminó convirtiéndose en una forma de vida que ya suma más de tres décadas.
(*) El quiebre: de Chipre al Curso de Comando
Como primer destino le asignaron el Batallón de Infantería de Marina Nº2. Sin embargo, fue durante una Misión de Paz en Chipre donde se plantó en él una semilla diferente. “Yo no tenía ni idea de lo que era ser un Comando Anfibio. Los veía, pero no sabía qué hacían”, confiesa. Motivado por sus compañeros y bajo la influencia de un Jefe que ya portaba la “boina brava”, decidió inscribirse.
El curso fue una prueba de fuego constante. El Suboficial Principal Moreno reconoce que lo más difícil fue la adaptación física, especialmente porque no sabía nadar de forma técnica. “Aprendí en un mes, porque al siguiente ya teníamos que bucear. Salíamos a correr a las cuatro de la mañana y había noches que no se dormía; pero todo lo que se hacía me gustaba”.
Asegura que la especialidad no solo demanda aptitud física, sino un profundo compromiso con la tarea asignada. “Con el tiempo uno se va dando cuenta de que, a medida que avanza y aprende, va tomando más responsabilidades”, reflexiona. En el exigente mundo de las Operaciones Navales Especiales, donde el margen de error es muy cercano a cero, la confianza en el camarada es el pilar fundamental. “Algunas personas pasan esas pruebas de responsabilidad y otras no, pero con los que las pasan, se logra una forma de trabajo increíble”, afirma, destacando que el profesionalismo del Comando Anfibio reside en la seriedad con la que se asume cada misión, sin importar la jerarquía.
(*) Una vida de riesgos y pertenencia
A lo largo de su carrera, el Suboficial Principal Moreno pasó por diversos cargos dentro de la Agrupación Comandos Anfibios, fue instructor y también formó parte del Comando de Operaciones Navales Especiales. Dentro del amplio abanico de capacidades de un Comando, encontró en el paracaidismo su “deporte favorito”, aunque sostiene que la clave de la especialidad es la versatilidad: “Tenemos que tener un nivel mínimo del 50% para todo, y de ahí para arriba”.
A pesar de la peligrosidad inherente a su función -“hacemos todas actividades de riesgo, no hay ninguna que no lo sea”, afirma-, Esteban ha mantenido un perfil bajo con su familia. Sus dos hijos, ya profesionales y radicados en Bahía Blanca, crecieron conociendo poco de las hazañas diarias de su padre. “Es una cuestión mía, a veces me llamo la atención por no haberlos incluido más en la vida que llevo, pero ellos hicieron su propio camino”.
Más allá de los años y la distancia, el vínculo con sus raíces permanece intacto y Moreno regresa cada año a su tierra natal para reencontrarse con los suyos. Allí lo esperan su madre -quien acompaña con silencioso orgullo la carrera de su hijo- y sus dos hermanos, manteniendo vivo el recuerdo de su padre fallecido hace algunos años.
En esos encuentros familiares, el Suboficial Moreno prefiere el silencio y la humildad antes que el relato de sus hazañas; para él, las operaciones de riesgo y la exigencia extrema de su especialidad son parte de una reserva profesional que no necesita de grandes relatos. Esa sencillez es la que define al hombre que, fuera de su uniforme, vuelve a ser simplemente el hijo y hermano que regresa a casa, llevando consigo la misma integridad que demuestra en cada misión.
Hoy, con 55 años de edad y la mirada puesta en su trayectoria, el Suboficial Principal Moreno no siente el peso del deber como una carga. Su filosofía es simple pero profunda: “Me di cuenta con el tiempo que esto no era un trabajo. Hasta el día de hoy digo que no voy a trabajar, voy a hacer lo que me gusta. No importa la jerarquía ni el horario, lo seguimos haciendo porque es algo que amamos”.
Desde aquel taller de pelotas hasta los saltos en paracaídas sobre el mar, la vida de Esteban Moreno es un testimonio de cómo la Armada Argentina es capaz de transformar la curiosidad inicial en una vocación inquebrantable de servicio a la Patria.

