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Obama: ¿Podrá imponerse a los Halcones?


El domingo 22 de marzo se reunieron un reducido grupo de jerarcas europeos en Berlín, integrado por la dueña de casa Angela Merkel, la canciller de Alemania (rango similar al de primer ministro en otros países, o sea con funciones de jefa de gobierno), el premier inglés Gordon Brown y el presidente francés Nicolás Sarkozy. El objetetivo de la convocatoria consistió en discutir un proyecto o borrador del acta final de la Cumbre del G 20 a realizarse pocos días después en Londres, entre el 2 y 3 de abril, documento que ya contaba con la aprobación del mandatario norteamericano Barack Obama. En Berlín se aprobó con ligeras sugerencias el ‘borrador’ redactado en Washington.  Y en Londres, sin discusión, se hizo historia.

La prensa globalizada ponderó casi unánimemente el ‘éxito’ del encuentro en la capital británica y pareció no ser necesario informar dando el texto completo de la declaración final.

La Cumbre de Londres fue convocada por el G 20 a raíz de una convocatoria del presidente George Bush en Washington el 15 de noviembre pasado, donde se repitieron las bases de ‘soluciones’ a la crisis mundial tendientes a salvar al desacreditado ‘capitalismo salvaje’ como dijera el Papa Juan Pablo II. A ese sistema de la especulación financiera, improductiva y avara, durante la Gran Depresión iniciada en 1929, el presidente Franklin Delano Roosevelt calificó a los banqueros como ‘bancgsters’.

Poco después de la Cumbre de Londres, pudimos acceder al documento surgido en aquel evento y no nos sorprendió que, en lo fundamental, o sea en el objetivo estratégico fijado para salir de la crisis, ratificaba los conceptos de un liberalismo a ultranza de las anteriores cumbres del G 20 realizadas todas en Washington.

           

Lamentable orientación del G 20:

Luego del preámbulo el documento fija los objetivos de la cumbre. Aclaramos que los conceptos entre paréntesis son nuestros comentarios.

“Por tanto, dice, nos hemos comprometido a hacer lo que sea necesario para restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reforzar nuestras instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; y construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible”. (Como se ve, reconoce la pérdida de confianza por los sistemas de especulación, pero en vez de castigo se le acuerdan enormes sumas de dinero líquido).

El resto de la Declaración Final no tiene sorpresas. Instituciones como el tan desprestigiado Fondo Monetario Internacional (FMI) que ha visto más que triplicado su capital. Citado expresamente 18 veces y otro tanto como ‘institución financiera internacional’, es ponderado en extremo, acordándosele el manejo de otros caudales enormes de dineros y facultades de policía financiero mundial por medio de ‘reguladores’ para controlar la disciplina monetaria de los gobiernos. Es prácticamente entregar la conducción de los pueblos a un poder planetario, con autoridad de ‘aplicar sanciones’ a los rebeldes. Lo peor es que el FMI, cuando en algún momento reconoció haber cometido errores, ahora culpa a los países perjudicados de no haber cumplido a rajatabla los consejos recibidos. Lo cierto es que todos los gobiernos obedientes declarados por el FMI como ‘alumnos modelos a imitar’, terminaron en los peores fracasos. El último fue Islandia, país donde EEUU tiene una poderosa base apuntando al norte de Rusia y su desastre financiero ha permitido tomar el poder a la izquierda. Así es como los estados ‘aliados’ son castigados en las urnas por su accionar irresponsable.

La soberbia de los liberales ‘técnicos’ del FMI les hace repetir la receta de siempre: reducción del gasto público (eliminar obras de infraestructuras para la industrialización, ni costear instrucciones con fines sociales); nada de ‘proteccionismo’ (cuando EEUU y los países europeos lo practicaron siempre y lo han aumentado ahora, en plena crisis, encabezados por Washington); cumplir con las deudas externas contraídas. Dice la declaración: “No nos refugiaremos en el proteccionismo financiero y especialmente en medidas que limiten el movimiento de capitales especialmente en los países en vías de desarrollo”. (Una verdadera desfachatez cuando no se detienen los ‘salvatajes’ a los bancos que es cosa de todos los días en EEUU y sus aliados europeos).

 

El colonialismo de las multinacionales:

El colonialismo ni se mencionó, cuando sesionaron en un país con una ‘independencia’ atada al imperio. Ni siquiera se tuvo en cuenta que la iniciación de la Cumbre (¡qué casualidad!) se realizó el 2 de abril, en un aniversario de la recuperación de las Malvinas por los argentinos y el sangriento usurpador ganó esa batalla por la ayuda del presidente yanqui Ronald Reagan. Este, además, fue quien forzó a la OEA, una especie de oficina del Departamento de Estado, a no aplicar el TIAR, el tratado que comprometía a la solidaridad en defensa de ataque del exterior a un país americano.

¿Cómo nadie advirtió que el Caribe y las Antillas son un enjambre de pequeñas colonias europeas con paraísos fiscales y un ‘estado asociado’ norteamericano: Puerto Rico?

Los halcones yanquis en estos momentos, como si fuera poca su cosecha de odios por las usurpaciones, recuerdan los espacios y beneficios de las dos grandes guerras mundiales, dos record de muertos y mutilados en la historia universal, de las cuales el único ganador fue Estados Unidos. Ahora el Pentágono, abusando de su influencia en la OTAN, no para de hacerle provocaciones a Rusia, cuando por otro lado Obama negocia con Moscú un desarme atómico. ¿Quién ejerce la comandancia en jefe?

La imposición del nombre de la Cumbre de Londres ya anuncia su color: ‘Una crisis global exige una solución global’. Es decir, un gobierno universal. ¿O no?

Si alguien supone que lo proyectado por la Reserva Federal, concentrando más poder con el inhumano liberalismo, debe interpretarse como un plan de hacer un gobierno mundial con sede en Washington y sucursales a cargo de europeos. Parecerá una locura, pero no se equivoca.

El día de la asunción de Barack Obama, su jefe de gabinete Rahm Emmanuel dijo ante periodistas: “seguiremos siendo la nación más próspera y poderosa de la tierra”. Momentos después, escucharíamos al presidente decir: “somos una potencia mundial líder y lo seguiremos siendo”.

 

por Enrique Oliva





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